Por Henoch Aguiar
El artículo propuesto por Marcelo Nazareno afirma que el actual ejercicio de la vicepresidencia por parte de Cobos manifiesta y provoca el deterioro institucional de la Argentina.
El escrito dice, al inicio del párrafo cuarto: "Las instituciones se degradan cuando los comportamientos políticos que ellas habilitan son contrarios a los comportamientos esperables que motivaron su diseño original". Concuerdo.
Primera pregunta: ¿quién es el autor del “diseño original”? ¿Cuál es la voluntad a respetar? En un sistema democrático, los funcionarios no deben subordinarse a la voluntad personal del Mandatario -término que podríamos reemplazar por "el obligado a cumplir con lo mandado"-, sino la voluntad del Mandante, que son los ciudadanos.
Quien forma parte de un gobierno, como el Vicepresidente, responde al titular del Ejecutivo. Pero no por él en cuanto persona, sino sólo por lo que representa. Un Presidente no manda por derecho propio. No es un capitán que puede llevar el barco hacia cualquier derrotero, o que puede voltear el timón como le venga en gana. El barco no es suyo. La elección del destino tampoco. Que se haga su voluntad sólo es legítimo cuando ésta responde al mandato de quienes lo eligieron para desempeñarse en la Presidencia.
El Primer Mandatario no tiene un derecho absoluto para decidir lo que quiera (concepción del monarca por derecho divino), sino que es el actor político con mayor responsabilidad de cara a la sociedad. Le toca encarnar un mandato para el que ha sido elegido, otorgado por el soberano, el pueblo. Éste es el titular originario y legitimante a respetar en toda democracia.
Un Presidente tiene dos limitaciones a la hora de ejercer el poder que le ha sido delegado, transitoriamente: las institucionales, marcadas por la Constitución, pacto fundamental de convivencia política, y las políticas, que provienen de lo que los electores, sus mandantes, han elegido.
El Primer Servidor Público no tiene por tanto un derecho propio a gobernar, sino que ejerce un derecho intermediario, sólo a fin de cumplir con el mandato del elector, que es el pueblo soberano. Es quien permite, o debe permitir, que se ejerza el derecho de autogobernarse de una sociedad.
Si lo analizamos en mayor profundidad, el mandato no proviene exclusivamente de quienes lo eligieron, sino que emana de, debe dar respuesta a, todos los argentinos que componen nuestra sociedad. No es el Presidente de quienes lo votaron. Es el de todos. Es elegido por unos, pero debe gobernar para todos, con todos.
Primera conclusión: considerando que el poder otorgado al Presidente y al Vicepresidente es siempre un poder delegado, ambos deberían "respetar el mandato otorgado por el soberano".
De ello se deriva que, habiendo obtenido ambas personas el mismo mandato legitimante original, pueden darse hasta tres situaciones diferentes de hecho: las dos personas respetan por igual el mandato: uno sí y otro no; o ninguno de los dos.
Parece claro que estamos en presencia de la segunda o de la tercera alternativa: uno incumple y otro no, o bien ambos lo incumplen.
La ciudadanía que votó en el 2007 lo hizo, en parte entusiasmada por la figura de la Presidenta. Otra buena parte porque se abría el juego político, porque la campaña publicitaria incluía a “Cristina, Cobos y vos”.
Recuerdo un integrador spot que alternaba las voces de Perón, Balbín, Palacios, Illia, Frondizi y Evita, turnándose para afirmar que “la tolerancia desmedida no ayuda a construir” (Balbín), “necesitamos la fuerza de cohesión para formar el alma nacional” (Palacios), “sin distinciones partidarias”, “únanse, sean hoy más hermanos que nunca” (Perón). La emotiva pieza publicitaria concluía con una voz en off: “La concertación quiere decir que cada uno ponga lo mejor que tiene; que lo que falta, lo hacemos entre todos o no lo hace nadie”, … “Cristina con Cobos, el gobierno con la gente”. Se anunciaba así un período presidencial que se abriría a la diversidad política, siendo figura y símbolo de ello el candidato a Vicepresidente. (Cristina K y la concertación. You Tube).
La promesa electoral, en términos políticos, era de apertura. Y en términos institucionales, de mejora. Esa promesa, al ser votada mayoritariamente, se transformó en el mandato de la mayoría electoral.
La crisis entre Presidenta y Vice no sobrevino al instante. Nació como la consecuencia de decisiones políticas que fueron tomadas sin la participación de los aliados políticos en el gobierno, azuzando la crisis, demonizando a los enemigos. En vez de "sin distinciones partidarias”, el pensamiento maniqueo dividió al mundo en demócratas y golpistas.
Desapareció el concepto de "aliados políticos". Sólo se pudo ser, o bien ladero, o bien traidor y enemigo. Sin opción. Un mundo en blanco y negro. Sin matices.
La pregunta es: ¿quien se apartó del mandato de quienes votaron en octubre del 2007? ¿Es quien se opuso a una resolución? ¿No cabe la posibilidad de que se haya apartado de la promesa electoral quien, tras prometer un aire nuevo, mantuvo en sus cargos a funcionarios cuestionados, transformó a empresas ignotas en potentados contratistas, quien otorga planes a los piqueteros amigos, quien se ufana primero de no haber firmado un solo DNU e inaugura ahora el Congreso con el más escandaloso de todos?
El mandato político no se cumplió. Y el institucional tampoco. No hay mayor institucionalidad. Marta Oyhanarte tuvo que renunciar. No hay transparencia de las cuentas públicas, ni imparcialidad y eficiencia en la adjudicación de la obra pública. Continúa, pese a fallos de la Corte, el reparto discrecional de la pauta publicitaria oficial.
Si observamos que hay dos comportamientos políticos diferentes, el de la Presidenta y el del Vicepresidente, ¿cuál se acerca más a lo que la ciudadanía votó en el 2007, el primero o el segundo?; ¿quién está más próximo de ser causante de la degradación institucional?
Por si subsistiera alguna duda, quienes obtuvieran el 45,25 % (justo lo necesario para evitar el balotaje), ofreciendo transversalidad, no en las palabras, sino hasta en la composición de la fórmula, alcanzaron un magro 31,2 % dos años después. La merma de adhesión electoral tuvo como causa principal el apartamiento de las promesas que fueron el imán del triunfo en el 2007.
Segunda conclusión: Quien no respetó el mandato electoral que legitimó a la fórmula presidencial del 2007 no es el vicepresidente, sino la Presidencia.
Por ello, interpreto muy diferentemente la frase escrita por Nazareno al afirmar que Cobos "se comporta políticamente como un opositor". Es hoy opositor a una persona, a una manera de hacer política, ciertamente, pero no es opositor al mandato por el cual Cobos fue elegido en el 2007. Menos aún al resultado de las urnas del 2009.
Cobos no traiciona a la gente que lo votó. Él representaba apertura y aire fresco frente al ostracismo gubernamental. No fue él quien entró en conflicto.
No se me escapan las circunstancias políticas. Tal ha sido la pérdida de capital político de la Presidencia que a Cobos le conviene oponerse para crecer en las encuestas. Es cierto que sabemos qué rechaza ahora, pero no sabemos aún qué propone.
Algunos opinarán que, por motivos políticos, debe renunciar. Otros no. Pero no porque él encarne una grave "degradación institucional", que se remediaría si un vicepresidente "leal" hiciera sumiso caso a todas las políticas propuestas por la Presidencia, por alejadas que estuvieran del mandato electoral del 2007, del 2009, y del marco constitucional que limita y acota el poder presidencial.
No tiemblan los fundamentos de la República porque un Vicepresidente se opone a alguna de las medidas presidenciales. Muchos piensan hoy que la historia podría haber sido diferente si Chacho no hubiera renunciado.
Los deterioros institucionales que a todos nos preocupan son otros: el congreso sin diálogo alguno con la oposición durante siete años, el Indec surrealista; el Consejo de la Magistratura bajo la férula del gobierno; el federalismo comprado por un plato de lentejas; la prensa discriminada; y tanto más.
No considero que el Vicepresidente se cuente entre las causas profundas de la crisis política. Por lo contrario, es una de sus tantas consecuencias. Mal pudo haber causado la crisis quien no tenía incidencia sobre las decisiones de gobierno. Importa distinguir entre lo causante y lo causado, el cuerpo y su sombra, lo esencial de lo coyuntural. Sobre temas más importantes deberemos concentrarnos si queremos reconstruir la Argentina derruida.
Buenos Aires, 11 de Marzo de 2010
12 de marzo de 2010
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